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Bruno Mars, el nuevo Michael Jackson
Hijo de un
puertorriqueño y una filipina, no quiere hablar español y asegura que prefiere
a Sinatra.
No muy lejos de la casa en que Frank Zappa vivió sus últimos
años, allá arriba, en las colinas de Hollywood, muy cerca del Laurel Canyon ,
te llama la atención específicamente una mansión acristalada con cierto tono de
ciencia ficción a lo "clockwork-orange" de Kubrick, en cuyo
aparcamiento descubres un maravilloso automóvil Chevy Super Sport Nova del año
1967, que debe valer hoy una fortuna. Aunque tampoco está mal su Cadillac negro
último modelo, aparcado uno frente al otro.
El propietario es Peter Gene Hernandez, alias Bruno Mars. La
industria discográfica dice que es el nuevo Michael Jackson. Su actuación
"pregrabada" en la Superbowl le ha convertido en esa superestrella
que a veces Norteamérica suplica como un sediento en el desierto, porque
América todavía persigue ídolos para devorar. Iconos como Elvis, Michael
Jackson. Parece que el próximo juguete roto va a ser Bruno Mars.
Bruno tiene 28 años. Con tan sólo dos álbumes, ha vendido
más de quince millones de discos y se le supone una fortuna cercana a los
ciento cincuenta millones de dólares. Según la cartesiana revista Forbes es el
chico más rico, con menos de treinta años. Eso da un plus a este hawaiano de
mirada inquisitiva, un chico bien parecido, con ojos inteligentes, que presume
de haberse comprado a Gerónimo, porque sobre todo necesitaba a un perro.
Gerónimo es un Rottweiler, que como todos esos perros de esa raza tiene cara de
malas pulgas. Ni te acerques.
Los últimos de Filipinas
Peter Hernandez, alias Bruno Mars, es una mezcla insólita de
destinos y razas. Parece un guión de cine. Su padre es portorriqueño, Peter
"Dr. Doo Woop" Hernandez. Había sido percusionista en un grupo de
salsa en Brooklyn. Conoció a una bailarina filipina llamada Bernardette San
Pedro, en la playa de Waikiki . La familia de Bernardette , había fundado una
banda de música y ella bailaba como bella "Hula-dancer" en esos clubs
para turistas en Honalulu.
Bernardette era el nombre que aparecía en la famosa batería
en que la que Mars hizo su sólo como preludio de su actuación en la Superbowl.
Era como su tributo a su "mamá" filipina, que murió el año pasado.
Peter, es decir, Bruno, era su niño favorito, el pequeño de la casa en Waikiki.
Bruno tiene cuatro hermanas y un hermano, Eric, que curiosamente es el batería
en su grupo y que había dejado de ser policía, su vocación primitiva.
Pero, ¿por qué el nombre Bruno Mars?. Bueno, su padre Pedro
era un fan enloquecido de un luchador de "catch" llamado Bruno
Sanmartino, un italiano que fue campeón del mundo durante los años sesenta. De
Sanmartino, el pequeño se quedó en Mars, como una estrella reluciente.
Su padre se empeñó en que el pequeño fuera una estrella. A
los cuatro años se dice que Bruno ya imitaba magníficamente a Elvis Presley,
que era la obsesión del padre. Pedro padre incluso había llegado a tener una
tienda de "memorabilia" y objetos del rey Elvis, en una de las
millares de tiendas, en Waikiki.
De hecho, llevó a su hijo a Hollywood para ganar dinero
extra. Bruno apareció como un pequeño Elvis, en la película 'Honeymoon in
Vegas', del año 1992. Sólo tenía siete años. Pero Bruno niño no recuerda nada
de aquello. Sí se acuerda de cual fue su primer disco, uno de Janet Jackson.
Bruno Mars, el nuevo Michael Jackson
No muy lejos de la casa en que Frank Zappa vivió sus últimos
años, allá arriba, en las colinas de Hollywood, muy cerca del Laurel Canyon ,
te llama la atención específicamente una mansión acristalada con cierto tono de
ciencia ficción a lo "clockwork-orange" de Kubrick, en cuyo
aparcamiento descubres un maravilloso automóvil Chevy Super Sport Nova del año
1967, que debe valer hoy una fortuna. Aunque tampoco está mal su Cadillac negro
último modelo, aparcado uno frente al otro.Y los Goya son para... Wert
- Las alusiones a la ausencia del titular de Educación y Cultura, una constante en la gala
Humor y glamour, humor y glamour, humor y glamour... Las palabras, mejor dicho, deseos de lo que se querría que fueran las características principales de esta gala se repiten como un mantra, pero, como es sabido, los deseos no se convierten en realidad. Para empezar, desde horas bastante tempranas de la tarde, manifestantes de diversa índole ocupaban los puestos de los que tradicionalmente eran admiradores. Los piropos se convirtieron en consignas y la alfombra roja se cubrió de pegatinas de «Stop desahucios» y contra el ERE de Coca-Cola. Algunos actores se pararon a hablar con los manifestantes (a pesar de la presión del personal de seguridad para que no se salieran del guión establecido), otros recogieron sus octavillas para lucirlas en el photocall e incluso otros, más atrevidos, como Antonio de la Torre, la recorrieron con el puño en alto. Fernando Trueba, Pilar Bardem y Juan Diego Botto también se unieron a la reivindicación. Si en la alfombra roja había sido la comidilla, nada más empezar la gala, la ausencia de Wert fue la protagonista del monólogo de Manel Fuentes. «¿De verdad no ha venido el ministro? Por un día que podía tener una entrada de cine sin IVA. Yo creo que al final vendrá porque es ministro de Educación», dijo el presentador, que también recordó que se tratan «los primeros sin ministro de Cultura». También tuvo unas palabras para el responsable de Hacienda. «Montoro tampoco está, con lo que le gusta el cine español. No se lo vamos a tener en cuenta por lo que pueda pasar...». Con todo, el mantra mencionado volvió a través de las palabras de Fuentes: «Que a nadie se le olvide que esto es una fiesta».
Javier Bardem tampoco dejó pasar su oportunidad para, en apenas unos segundos, nutrir su discurso de reivindicación: «Los ciudadanos siempre están por encima de los políticos y, desde luego, de nuestro ministro de anticultura». La entrega de premios continuaba, pero las referencias al ministro, no quedaron atrás. En el guión de Manel Fuentes, sin ir más lejos: «Cualquiera se fía de un auditorio lleno de actores, que saben fingir. Qué pena que no esté un ministro para compensar». Mariano Barroso, premiado por el mejor guión original de «Todas las mujeres», dedicó prácticamente todos sus agradecimientos a criticar al ministro: «Si el ministro de Defensa no fuera al desfile de las Fuerzas Armadas su jefe lo echaría. Me parece que este jefe manda poco. Estaría bien que se fuera o dimitiera este ministro». Después tuvo un recuerdo para su familia, que también utilizó para reprochar su ausencia al ministro: «Mi hijo es el mejor ministro de Cultura aunque sólo tiene cinco años porque ve mucho cine español y le gusta». Roberto Álamo, mejor actor de reparto por «La gran familia española», también hizo mención al titular de Cultura: «Ay Wert, Wert, me gustaría que me hubieras honrado con tu presencia. Y me deshonras».
La ausencia, por llamarla de alguna manera, ya que el nombre de un ministro de Cultura no había sonado tanto en una gala en toda la historia, dejó espacio también (tres horas sin publicidad dan para mucho) para otras reivindicaciones de carácter social. La reforma de la ley del aborto subió al escenario a través de las dos actrices ganadoras: Natalia de Molina tomó la frase de su personaje en «Vivir es fácil con los ojos cerrados» donde encarna a una joven embarazada para posicionarse en contra: «No quiero que nadie decida por mí». Marián Álvarez, mejor actriz protagonista, hizo lo propio: «Se lo dedico a las mujeres que luchan y se pelean por nuestros derechos. No vamos a permitir que nada ni nadie decidan por nosotras». El intento de privatización de la Sanidad Pública también fue objeto de críticas. El primero en hablar del tema fue Javier Bardem quien dio «la enhorabuena a la marea blanca». Después, Alejandro Hernández, premiado por el mejor adaptado por «Todas las mujeres», dedicó el premio a su esposa «que es médico de la Sanidad Pública de Madrid. Enhorabuena». Incluso la corrupción asomó la pasada noche con una entrañable anécdota que contó David Trueba, uno de los grandes vencedores de la noche. «Un señor me dijo que se había dado cuenta de que España es el país más rico. Llevan 400 años robando y todavía no se ha acabado. Este es el tipo de gente por la que hace falta seguir trabajando». El mantra hacía tiempo que se había parado, y el deseo de que ayer se celebrara una fiesta se quedó, al final, en solamente eso: un deseo.
González Macho: «Hacer una película en españa es heroico»
En su discurso, González Macho, que realizó su última intervención como presidente de la Academia, reiteró algunas de las peticiones tradicionales del sector, como la rebaja del IVA cultural y aseguró que «hacer una película en España es un verdadero acto heroico», aunque expresó su confianza en el futuro del sector. Admitió que lo recaudado por este impuesto fue casi el doble que con una imposición menor, pero también recordó que «la disminución de recaudación en cines debida a la pérdida de espectadores se estima en 102 millones de euros, lo que se traduce en que por cada euro que la Hacienda Pública ha recaudado a través del IVA, la industria cinematográfica ha perdido dos». Quiso nombrar a los miembros del Partido Popular que han protestado en público por la subida del impuesto, como el propio González.
Para leer más: http://www.larazon.es/detalle_normal/noticias/5438248/cultura+cine/y-los-goya-son-para-wert#.Ttt1ydR3i3cXD2E
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